El Petiso Orejudo.

 

Todo indica que Benjamin Netanyahu se encamina a su quinto mandato
al frente del Estado de Israel, con el apoyo explícito del gobierno de los
EE.UU. Algo totalmente impensado para cualquier gobierno del mundo
mínimamente progresista o que no sea obediente a los planes del
Imperio, ya que sería presentado sin miramientos como una dictadura
enquistada en el poder. Esta situación se corresponde con los
parámetros y estándares tradicionales de la democracia. El pueblo vota,
el gobierno se elige. Dejando la manipulación mediática y la política del
terror de lado, (no porque no muevan la aguja, sino porque no es el
análisis de estudio de este texto) podríamos decir que la continuidad en
el tiempo de las prácticas de gobierno del Estado de Israel con
Netanyahu como su representante responden a la decisión soberana de
los y las Israelíes.
Hay un problema. Cualquier estudio objetivo de las políticas de Israel en
los últimos 13 años (por solo nombrar la gestión actual) debería poner
de manifiesto que no solo se han violado sistemáticamente todos los
tratados internacionales sobre injerencia externa, auto determinación

de los pueblos (en este caso el Palestino) y reglamentaciones sobre
ayuda humanitaria y derechos humanos. Cualquier estudio serio debería
poner en evidencia que se vienen aplicando crímenes de guerra contra
la población Palestina.
Cualquier análisis sincero debería evidenciar que la democracia Israelí
ha legitimado un sistema, creería que único en el mundo occidental,
donde legalmente se encarcela y se tortura a niños y niñas sin que la
comunidad internacional levante una ceja. Donde poblaciones enteras
son bombardeadas con fosforo blanco asesinando y mutilando por igual
combatientes y civiles. Una política de hambre, miseria y exclusión que
no permite que la Cruz Roja Internacional preste asistencia en la franja
de Gaza.
En el nuevo parlamento solamente 18 de los 120 diputados israelíes
apoyaban la solución de los “dos Estados”, la referencia de la ONU para
resolver el conflicto. Al final de la campaña electoral, Netanyahu hizo un
claro llamado a su electorado más radical al afirmar, en desafío a un
amplio consenso internacional, que estaba preparado para anexar los
asentamientos israelíes en Cisjordania, territorio palestino ocupado por
Israel desde hace medio siglo. Semejante anexión haría casi imposible
esa solución de “dos Estados”, es decir un Estado palestino coexistiendo
con Israel.
La democracia Israelí, estaría siendo un voto directo a la xenofobia, el
racismo, y el fascismo parlamentario. Hitler moriría de envidia de ver a
la comunidad internacional ser condescendiente con las practicas que,
lógicamente, fueron declaradas inhumanas en la Alemania Nazi. Alguna
vez alguien me dijo que nadie mira las cuentas y los balances de una
nación en guerra. La Nazion de Israel parece haber votado por esta
opción.

 

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